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¿Pueden ser contraproducentes las etiquetas positivas en los niños? (investigación científica)

etiquetas positivas

Un aspecto clave en la educación emocional de nuestros hijos e hijas es el reconocimiento de sus logros. Un niño necesita sentirse valorado por lo que hace, de hecho una satisfacción adecuada de esta necesidad será uno de los pilares básicos para el desarrollo de una sana autoestima. Sin embargo, todos elogios o halagos no son igual de positivos, es más, muchos de ellos pueden ser dañinos en el desarrollo de su fortaleza interior.

En el artículo “4 mitos tóxicos sobre nuestros hijos” ya mencioné brevemente sobre el que las etiquetas “positivas” no siempre son positivas, y en éste me gustaría profundizar un poco más. Para ello voy a mencionar un estudio que realizaron las psicólogas Claudia Mueller y Carol Deck de la Universidad de Columbia, y que fue el precursor de otros en la misma línea que confirmaron sus resultados. Resumo brevemente el experimento y sus resultados.

 

EL EXPERIMENTO

En el experimento participaron más de 400 de niños de entre 8 y 12 años de diversos orígenes étnicos y socieconómicos. Se les hicieron varias pruebas de habilidad y para ello se dividieron en tres grupos aleatoriamente. La única diferencia entre los grupos fue el modo en el que se trabajó el elogio con cada grupo. La clave estuvo en la primera prueba. En esta se les dijo a todos que habían sacado un muy buen resultado (independiente de que hubiera sido así o no). Junto a la notificación del resultado a un grupo se le dijo que había sido porque eran chicos muy inteligentes, al segundo se les dijo que el resultado había sido gracias al esfuerzo que habían hecho, y al tercer grupo no se le dijo nada, simplemente se le notificó el buen resultado (este es el que en psicología se denomina el grupo de control, el grupo con el que comparar los demás resultados).

Después de la primera prueba hubieron varias más en las cuales se analizaron varios parámetros. Por ejemplo, en la segunda prueba les dieron a elegir entro dos tareas, una fácil y una difícil, y les dijeron que si elegían la difícil, aunque quizá les saldría peor, sería un reto interesante y aprenderían de ella, aunque fallasen. En la tercera se les dio a todos a realizar un puzzle que era claramente difícil y después se les entrevistó sobre el nivel de disfrute al realizarlo así como si les gustaría llevárselo a casa para acabarlo. En la cuarta y última prueba se le dio a realizar una tarea fácil, del nivel de la primera prueba. En esta ocasión se midió el nivel de rendimiento en la realización de la tarea.

¿Cuáles fueron los resultados?

El grupo de control siempre estuvo en medio de los tres, y los otros dos (los del elogio a su inteligencia o a su esfuerzo) estuvieron por encima o por debajo, o fueron los mejores de la prueba o los peores. ¿Cuál fue el resultado en cada uno, lo adivinarías? No te hago esperar más. La primera prueba no tiene resultados, fue la prueba del elogio, por eso empiezo por la prueba 2.

2ª Prueba: elegir tarea fácil o difícil. En el grupo de niños elogiados por su esfuerzo (EE) fue donde más niños eligieron el reto de la tarea difícil. En el grupo de niños elogiados por su inteligencia (EI) donde más eligieron la fácil.

3ª Prueba: disfrute de la tarea difícil y disposición a continuarla en casa. El grupo EE disfrutó más con la tarea y más niños decidieron llevarse el puzzle a casa para terminarlo. El grupo EI fue en el que los niños disfrutaron menos con la tarea y muy poquitos quisieron llevarse la tarea a casa.

4ª Prueba: nivel de realización (de una tarea sencilla). El grupo EE fue el que obtuvo más puntuación de los tres grupos y el grupo EI el que menos.

 

¿QUÉ HA OCURRIDO AQUÍ?

Las autoras del experimento han sacado conclusiones muy sugerentes con respecto al ámbito del rendimiento. En su teoría hablan de la diferencia que hay para el rendimiento el fomentar, lo que llaman, una mentalidad fija o una mentalidad de crecimiento. Si te interesa conocer más sobre ello puedes consultar esta web: www.mindsetworks.com

Yo, personalmente me quiero centrar en una línea de conclusiones que va más allá de la propuesta por las autoras, que abarca un marco más amplio que el del rendimiento. Considero que este experimento también nos ayuda a entender un poco más el mundo de las etiquetas. Una etiqueta es un adjetivo dirigido directamente a la identidad de la persona, a su ser (normalmente suele ir precedido de “eres”, aunque no siempre). Sólo que una etiqueta puede fundamentarse en el “ser”, en la dignidad y valor de la persona como tal, o en el “hacer”, en la conducta, de modo que si dejas de ejecutar esa conducta “ya no eres”, esa etiqueta ya no vale, tu identidad ha cambiado. Dicho esto, continuo con el desarrollo de lo que podemos aprender del experimento.

Considero que la clave para entender lo que ha ocurrido en el experimento está en que al elogiar debemos de tener cuidado cuando lo hacemos en modo etiqueta (“eres”). Las etiquetas deben de ser positivas, obviamente, pero dirigidas al “ser” de la persona, a aquello que es inmutable y no va a cambiar. Por ejemplo: “Eres muy especial para mí”, “Eres un tesoro para tus papás”, “Eres lo que más queremos”, etc.

El problema viene cuando etiquetamos al niño por el “hacer” (por un logro que ha conseguido). En el caso del experimento se les etiquetó (“eres”) sobre el “hacer”, sobre el logro de haber hecho una prueba bien. “Habéis hecho bien la prueba porque sois inteligentes”. En la mente del niño (y también de los adultos, aquí no nos escapamos nadie) si las etiquetas positivas están vinculadas a lo que han conseguido se van agarrar a ellas “como a un palo ardiendo” y van a querer “vivir de ese logro”. La reflexión lógica es: “si soy inteligente porque saco buena puntuación esto quiere decir que en el momento que no la saque tan buena es porque habré dejado de serlo”.

¿Qué ocurrió con los niños del experimento etiquetados como inteligentes gracias al logro de la primera prueba? Que no querían arriesgar con pruebas difíciles por si no sacaban buena puntuación, que no disfrutaban con la realización de las pruebas difíciles por la ansiedad de tener que realizarlas bien para mantener la validez de su etiqueta (y ni se les ocurría llevarse la tarea –el puzzle- a casa para acabarlo y seguir martirizándose con ello), y que luego, al realizar una prueba más fácil, sacaban peor puntuación al mostrarse más confiados en la tarea y no esforzarse al mismo nivel.

¿Por qué los elogiados respecto a su esfuerzo pasaron mejor todas las pruebas (sacaron mejor puntuación, eligieron las tareas más difíciles y las disfrutaron más)? Porque el elogio fue al “hacer”, a su conducta, pero no fue una etiqueta. Simplemente se les hizo ver lo bueno que había sido el esforzarse, lo que les llevó a seguir valorando ese tipo de conducta.

Por último, un elemento más a tener en cuenta es la importancia que tuvo en este experimento el locus de control (la sensación de los niños de tener o no el control sobre su etiqueta). Para aquellos que habían sido etiquetados de forma positiva (inteligentes) pero su etiqueta dependía de circunstancias externas (sacar buena puntuación) su sensación de control sobre esa parte de su identidad (“soy inteligente”) no dependía de ellos. Los resultados nunca dependen completamente de uno, si la prueba es muy difícil nunca sacarás la misma puntuación. Esto crea angustia, inseguridad y frustración, por eso no disfrutaban las tareas difíciles y, si se les daba la oportunidad, preferían elegir las tareas fáciles. Sin embargo, los que fueron alabados por su esfuerzo no estaban “atados” a la buena puntuación, el esforzarse o no dependía completamente de ellos, tenían el control completo de su realidad personal. La sensación de control sobre la propia vida e identidad da seguridad y confianza para afrontar los retos de la vida.

 

CONCLUSIÓN

Resumiendo lo dicho, concluyo con la idea con la que empecé. Etiquetar en positivo puede ser positivo o negativo, dependiendo de qué y cómo etiquetes. Etiquetar al “ser”, a lo inmutable de la persona, siempre es positivo. Etiquetar en base al “hacer”, ligar la etiqueta a algún tipo de logro, es negativo porque esa etiqueta positiva siempre dependerá de su comportamiento (el niño “bueno” porque se porta bien cuando no se porte bien por lógica será “malo”, ¿no? Este es el razonamiento lógico de un niño).

Carga de profundidad: Aunque sé que debería haber acabado con la conclusión me he reservado la “carga de profundidad” para este último párrafo. Dejo en tus manos que saques la conclusión que consideres adecuada. Al acabar la 3ª prueba, la de la tarea difícil, se les pidió a los niños que dijeran a los demás qué puntuación habían sacado (obviamente habían sido todas malas). Los del grupo elogiado por inteligentes mintieron cuatro veces más que los de los demás, concretamente mintieron sobre su puntuación un 40% de los niños de este grupo. ¿Te imaginas el por qué se sintieron impulsados a mentir?

Jonathan Secanella
Coach y formador

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