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Pensar tiene que ver con esperar

espera

 

¿Sabías que nuestra capacidad de pensar tiene que ver con aquello que hacemos en el “tiempo de espera”? Te cuento. Un bebé recién nacido, tiene una capacidad de pensamiento muy limitada. De hecho, el recién nacido es completamente dependiente de los adultos que le rodean para satisfacer todas sus necesidades (hambre, sed, protección frente al frío o frente al calor, etc.). En el bebé la distancia entre el impulso (necesidad de comer, p.ej.) y la respuesta (comer o llorar) es inmediata, no hay tiempo de espera. Cuando llega el impulso del hambre, si no se le da de comer llora.

Podríamos decir que el bebé es prisionero de sus impulsos, no es capaz de añadir al proceso impulso-respuesta un tiempo de espera (impulso-espera-respuesta). Esto es porque el tiempo de espera entre el malestar que provoca una necesidad y su satisfacción tiene que ver con la capacidad de pensamiento. Conforme se vaya desarrollando el pensamiento a lo largo de los meses tendrá más capacidad de espera (pensará en la mamá que no está presente pero seguramente vendrá pronto, en la comida que ve que está preparando su madre y muy pronto se la estará dando, etc.).

Pensar tiene que ver con qué actividad hay en nuestra mente mientras estamos esperando cosas (que hago en mi cabeza mientras espero el metro, mientras estoy paseando esperando llegar a mi destino, mientras acabo mi carrera universitaria, o incluso qué pienso en esos eternos segundos mientras espero el “sí” de la chica/o de mis sueños ). Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que pensar está directamente relacionado con nuestra capacidad de ser libres frente a nuestros impulsos y deseos. De ahí lo importante que es enseñar a los niños a esperar, y cuando decimos enseñar a esperar estamos hablando de enseñarles estrategias cognitivas relacionadas con el autocontrol así como con pensamientos saludables que le hagan la vida más fácil y feliz mientras “esperan”. Porque al fin y al cabo la vida es estar siempre esperando cosas, unas a corto plazo y otras a largo, pero cuando consigues unas aparecen enseguida nuevos motivos de espera.

Hoy tocaba un post un poco más filosófico, espero que me hayáis perdonado la licencia ☺.

Voy a concluir con este video que seguramente ya conoceréis en el que se representa una prueba clásica en psicología donde a unos niños se les propone una prueba de “espera” (en este caso de autocontrol para conseguir posteriormente un bien mayor). Aquellos que supieron esperar fueron los que supieron gestionar más eficazmente su pensamiento. En el estudio original esto no quedó aquí, pues según los experimentadores, los que supieron diferir la gratificación gestionando el tiempo de espera (su pensamiento) años después demostraron ser jóvenes y adultos con mayores índices de éxito y satisfacción en la vida.

Un saludo.
Jonathan Secanella

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