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La actitud paternalista, reflejo de una falsa autoestima

Paternalismo. Escuela de las emociones

La autoestima insana activa muchas estrategias de ocultación de sí misma y de protección para la persona que la sufre. Estas estrategias normalmente suelen ser insanas porque por un lado enajenan a la persona de su realidad interior y por otro le enquistan en comportamientos que a la larga son tóxicos para ella y para los que le rodean.

Una de estas estrategias es el excesivo paternalismo. Desde el Análisis Transaccional se habla de que todos experimentamos diversos “estados del yo” entre los cuales está el de “padre protector”. Este estado es el que reflejamos cuando nos relacionamos con alguien desde la postura superior de aquel que debe proteger, cuidar, ayudar, consolar, etc. Es normal actuar desde ese estado con nuestros hijos en bastantes momentos (sobre todo cuando son más pequeños), incluso con otros adultos en momentos de angustia (de la otra persona), necesidad puntual, etc. Sin embargo, lo que refleja un comportamiento tóxico son aquellas personas que basan su relación con la mayoría de las personas que les rodean desde una posición protectora o paternal continua. En el fondo se están relacionando con los demás desde un estado de superioridad, sólo que no es la prepotencia clásica, la que más nos suele venir a la mente al pensar en superioridad, sino un modelo más sutil. Hablo, por ejemplo, del perfil de personas que siempre están aconsejando a otros (aunque estos no lo hayan pedido) y sin embargo no suelen abrirse para manifestar sus necesidades o carencias. Podríamos mencionar, también, a aquellas que cuando hablan con alguien de una tercera persona siempre están dando a entender que conocen su realidad psicológica o, por poner un tercer ejemplo, podríamos incluir también a las personas que para explicar cualquier cosa a otra le mastican el discurso como si de un niño/a se tratara aburriendola con obviedades sin saber ir directamente al grano (les ocurre también cuando tienen que ser asertivos con alguien, en el sentido de tener que decirles algo que no les va a gustar, para lo que dan muchos rodeos con el fin de suavizar el discurso final y “no herirles”).

Estos son algunos de los ejemplos de paternalismo insano. Ahora bien, ¿nunca debemos actuar así? No, de hecho en ocasiones será necesario. Estoy hablando de aquellas personas en las que su comportamiento normal se rige por estos parámetros. Entonces, ¿qué relación tiene este comportamiento con una autoestima insana? Básicamente, el ocultamiento. Una de las líneas cognitivas estratégicas de la autoestima baja o insana es la de ocultarse a los demás, tanto que en muchas ocasiones llega a engañarse a sí mismo. Este suele ser el caso de las personas que viven con una actitud paternalista constante. Son personas que se han construido un castillo de cristal, intocable, desde el que observan y analizan el mundo. Ahora bien, aun siendo muy bonito y atractivo a ojos de los demás no deja de ser de cristal. Son personas muy vulnerables, fácilmente dañables, especialmente cuando, de parte de aquellos que cuidan, reciben algún tipo de desprecio.

En definitiva, ¿por qué es un comportamiento tóxico?

1. En primer lugar, como ya he dicho anteriormente, porque se engañan a sí mismos. Esto les va a evitar el avanzar en un autoconocimiento sano que a la larga les lleve a crecer personalmente.

2. En segundo lugar, por lo que tiene de tóxico en cuanto a las relaciones con los demás. Tienden a crear relaciones de dependencia con otras personas que están buscando alguien que continuamente les cuide, les mime, les diga lo que tienen que hacer, etc. Al final, lo que suele crearse es una mutua relación de dependencia entre dos personas con una baja autoestima que lo manifiestan de un modo diferente: una se deja guiar y cuidar, lo que suple aparentemente ciertas carencia emocionales y de seguridad, y la otra que cuida y guía, lo que también le hace sentirse fuerte y útil.

En última instancia, el proceso psicológico que subyace en este perfil de personas, además de ser el del ocultamiento de su realidad es también el de una búsqueda de control que no tienen sobre ellos mismos y tampoco quieren reconocer. Ésta la ocultan ejerciendo un tipo de control psicológico de dependencia sobre otras personas. Lo de la sensación de falta de control sobre la propia vida se puede manifestar de formas muy sutiles, como por ejemplo el caso de personas con muchas capacidades pero que por su carencia a nivel de autoestima no dan el paso de lanzarse a por las metas que desean lo que les lleva a vivir las vidas de otros paternalizando su relación con ellos. Por poner otro ejemplo muy diferente podríamos mencionar el de la persona a la que su falta de autoestima le lleva a tener comportamientos autodestructivos (consumo de sustancias, relaciones dañinas, lanzarse impulsivamente a proyectos que acaban fracasando, etc.) pero para no asumir la angustia de la sensación de falta de control sobre su vida se dedican a “salvar a los demás” cuando lo que más necesitarían es salvarse a sí mismos.

De más está el decir que ninguno de nosotros está exento de participar en relaciones de dependencia de este tipo bien sea como “cuidador” o como “cuidado”. Por tanto no estará de más el que, de vez en cuando, nos paremos a evaluar si ese tipo de relación es sana y adecuada para el momento o está obedeciendo a un reflejo de una autoestima insana por nuestra parte, sobre todo si ese tipo de relaciones suelen ser las habituales.

Un saludo.

Jonathan Secanella
Coach y formador

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