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5 pasos para aliarte con tus emociones

candoit

Cada vez somos más conscientes de que el ser humano se mueve por impulsos emocionales. Las emociones son el motor de la vida, las que nos empujan a hacer y deshacer. Mediados por ellas nos lanzamos a estudiar para un examen (porque estamos ilusionados por acabar la carrera, por ejercer ejercer o simplemente por la satisfacción de conseguir un reto), nos enzarzamos en una discusión (movidos por la ira, el odio, el deseo de que se haga justicia, de defender la verdad, etc.), o la evadimos (por miedo a salir dañados, por el sentido de frustración porque creemos que “no valdrá la pena”, etc.), salimos a dar un paseo y tomar el sol o traemos a nuestro bebé por la mañana a la cama para pasar un rato agradable juntos toda la familia.

Sin embargo, las emociones son sólo una de las dimensiones de nuestro interior, de nuestra mente, junto con la cognición (pensamientos) y la volición (voluntad). Estas tres dimensiones de nuestra mente (voluntad, pensamientos y emociones) actúan juntas, por lo que no puedes, por ejemplo, pensar sin experimentar algún tipo de emoción (aunque sea de intensidad leve). Pero lo más importante es que, para el buen funcionamiento de nuestra psiqué así como para  que podamos disfrutar de un sentido de satisfacción interna, estas dimensiones deben mantener una jerarquía determinada. La voluntad debería de estar en primer lugar, ésta debería ser la que decidiera en qué quiere enfocar los pensamientos y los pensamientos ser los que condicionen las emociones que se quieren experimentar.

Una vez la voluntad haya conseguido crear un estado emocional deseado le será más fácil acometer la acción (ya hemos dicho que las emociones son el motor de la acción). Ejemplo, si quiero ponerme a estudiar y mis emociones no me acompañan me va a costar mucho hacerlo. En este caso lo adecuado sería que la voluntad decidiera enfocar la mente en pensamientos que produzcan emociones favorables al objetivo de estudiar (quizá pensar en la gratificación que será el aprobar o incluso el poder ejercer en un futuro mi profesión).

Ahora bien, este funcionamiento jerárquico no se da las veces que nos gustaría. Más comúnmente de lo que desearíamos nuestras emociones nos empujan a hacer aquello que no nos gustaría o a no hacer aquello que sí desearíamos. En nuestro ejemplo sería el caso del estudiante que va postergando el sentarse en el escritorio o que lo hace y se entretiene con internet y al final del día, en vez de haber estudiado las ocho horas previstas la cosa se ha quedado en tres horas de estudio reales.

¿Cómo resuelve este problema nuestra mente? Con el autoengaño de la racionalización. Como para una persona es muy difícil el vivir con la sensación de que sus emociones son las que controlan su vida, lo que hace nuestra mente es racionalizar: en vez de ser la voluntad la que decide en qué pensamientos se quiere enfocar para alinear las emociones con el objetivo que desea, son las emociones las que facilitan ciertos pensamientos para reforzarse a sí mismas y hacer lo que ellas quieren. El caso de nuestro ejemplo podría ser cuando el estudiante al que no le apetece estudiar empieza a pensar en la línea de: “qué rollo, no lo podré conseguir”, “no vale la pena el esfuerzo”, “mejor dejarlo para septiembre y enfocarme ahora en otra materia, o tomarme el día de descanso, que me hace falta”, etc. Al final,  ¿que hará el estudiante?. Pues se reafirmará en que no vale la pena estudiar y su voluntad decidirá dejar ese día los libros. ¡Pero al menos no se sentirá tan mal!

Algunos de los pensamientos que surgen cuando racionalizamos lo que nuestras emociones nos mueven a hacer pueden parecer muy coherentes, pero lo importante es que no debemos olvidar que quién ha tomado el control han sido nuestras emociones y al final no hemos alineado nuestra conducta con el objetivo que queríamos conseguir. Pero sobre todo, la clave es que nos habremos autoengañado pensando que hemos decidido libremente, cuando en realidad han sido nuestras emociones mal gestionadas las que han decidido por nosotros. Quizá el estudiante deje ese día los libros con cierta satisfacción porque ha encontrado los argumentos adecuados, pero la realidad es que estará más lejos que ayer de su objetivo de aprobar y, sobre todo, su confianza en sus capacidades habrá disminuido un poco más.

¿Cómo puedes abordar esta situación?, ¿cómo puedes aprender a autogestionarte internamente de una forma más sana y darle el lugar que le corresponde a la dimensión interna de tu voluntad?  Te planteo cinco pasos:

1. Sé consciente de la importancia de tus emociones. El ignorar la pontencia que tienen en ti no te va a ayudar, más bien todo lo contrario.

2. Reconoce cuáles son los estados emocionales más comunes que sueles experimentar y de qué modos te suelen llevar a actuar (tanto positivamente –en dirección a tus metas- como negativamente –porque te frenan para actuar como deseas).

3. Sé sincero contigo mismo respecto a las decisiones que has tomado y qué las ha impulsado, y sé consciente de los argumentos que estás utilizando para ello (tus racionalizaciones).

4. Piensa más fríamente cuál debería haber sido tu comportamiento así como tus reflexiones interiores (argumentos más coherentes en favor de conseguir el comportamiento que deseabas) en esa circunstancia. Nota: el feed-back periódico es una de las mejores herramientas para avanzar en la autogestión emocional.

5. Razona y actúa en consecuencia: tanto en futuras ocasiones como en la que ya ha pasado (quizá tengas que rectificar en algún aspecto en relación al comportamiento pasado: pedir perdón a alguien, aceptar tu equivocación, emprender una acción de enmienda, etc.; pues hazlo).

Dos notas finales: Muy importantes en relación a este quinto paso.

· Nunca justifiques aquello que has hecho y en lo más profundo de tu ser sabías que no era lo correcto o no era lo que deseabas, no inviertas esfuerzos en racionalizar lo que hiciste para justificarte. El no asumir tu responsabilidad, como mínimo interiormente, te va a llevar progresivamente a evadirte de la realidad y a perder más y más el control de ti mismo.

·  Ahora bien, acepta lo ocurrido. Perdónate y no te machaques por tu error. Acepta que ese momento de “no control personal” es parte del proceso de crecimiento que es tu vida. Aprende de él y mejora para la próxima vez.

Espero que este artículo te sea útil. Estaré encantado de recibir tus comentarios, así como de que lo compartas en redes si te ha consideras que otros podrían aprovecharlo.

Un saludo.

Jonathan Secanella
Coach y formador

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