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El duelo: atravesando el valle de las sombras

duelo

Enfrentar la pérdida de un ser querido es posiblemente el proceso más duro con el que nos podamos enfrentar en la vida. El nombre que se le da a este proceso es el de duelo. No hay fórmula mágica para evitarlo, es un proceso psicológico que, de uno u otro modo, se ha de pasar.

En este artículo me gustaría hablarte del duelo. Me gusta la sencillez y ternura con que lo expone Pablo Martínez en su libro: “Más allá del dolor”, y es por eso por lo que buena parte de lo que voy a decir proviene de su libro.

Hace ya bastantes años, cuando leí su libro, me sorprendió como presentaba el duelo. Para él, el duelo es la “otra cara del amor”. De hecho se trata de una expresión del amor. Me parece una bonita forma de enfocar de entrada este proceso personal. Es entender el duelo, dentro de lo desgarrador de la separación de la persona querida, en su dimensión positiva, como una expresión póstuma del amor. Es la cara dura del amor por la que la gran mayoría hemos pasado y/o pasaremos en más de un momento de nuestras vidas, pero amor al fin y al cabo.

Como he dicho al principio, del duelo no podemos huir, es parte de la propia vida, de cómo la realidad exterior tiene una resonancia interior (la relación y el cariño que nos produce la persona amada y el dolor de la pérdida cuando deja de estar a nuestro lado). De hecho, se dice que la pérdida, en un sentido “nunca se supera, simplemente se encuentra una nueva pauta de normalidad”, se integra en la vida.

Pero, ¿cómo enfrentar este duro proceso? ¿Vale la pena el arriesgarse a amar si hay que enfrentar esta otra cara del amor? Yo no tengo duda de que la repuesta a la segunda pregunta es un sí. Ahora bien, para la respuesta a la primera pregunta habría mucho que hablar. Yo aquí me voy a centrar en un aspecto que es básico pues es una de las bases que ayudan a pasar por el duelo de una forma sana: conocer el proceso. Espero poder ayudarte con ello.

Toda persona en un proceso de duelo va a vivir tres grandes experiencias: desvinculación (que tiene como propósito cortar los lazos con la persona amada), adaptación y ajuste (para amoldarse a una nueva vida, incluso una nueva identidad -entendiendo que nuestra identidad es algo que siempre está en construcción) y restitución (recuperar el sentido de la vida de modo que el futuro vuelva a tener significado). Y estas experiencias las vive a través de cuatro grandes fases o etapas, si bien, estas fases no son completamente lineales, hay también avances y retrocesos.

ETAPAS DEL DUELO

1ª ETAPA: Sock emocional.

En un primer momento se produce un bloqueo de los pensamientos y emociones, y se suele manifestar en diversos grados de incredulidad y negación de la realidad. Es una forma inconsciente e instintiva de autoprotegerse para reducir el impacto del trauma. Esto explica, también, el que pueda darse el caso de que algunas personas no sean capaces de llorar los primeros días.

2ª ETAPA: Duelo agudo.

Esta fase se caracteriza por un dolor intenso. Se es consciente de la pérdida, consciencia que va aumentando junto con la idea de que la separación es irreparable. Es una realidad que afectará por igual a los pensamientos y a las emociones. Suelen aparecer momentos intensos de dolor (20-30 min.) que se caracterizan por oleadas de llanto, gemidos profundos como salidos del alma y mucha angustia. Otras características de esta fase pueden ser:

  • Síntomas físicos diversos.
  • Profunda añoranza que en ocasiones puede rayar la alucinación (“¡lo he visto!”)
  • El llanto. Aunque algunas personas expresan ese “llanto” con la palabra más que con lágrimas, hablando mucho y contando cómo se sienten.
  • En algunos casos enojo. Por ejemplo, pensamientos (a veces como sensaciones) de sentirse tratados injustamente por la vida.
  • Sentimientos de culpa. “Pude hacer más… No hice lo que podía… No le expresé bastante afecto…” Nota importante: no es la culpa la que causa el dolor (como a veces el doliente cree), sino el dolor emocional el que bloquea la mente y provoca la culpa.
  • Amargura. Hay que tener cuidado con este sentimiento pues mal gestionado puede llevar al duelo patológico.

3ª ETAPA: Soledad y aislamiento.

Lo peculiar de esta “soledad” es que se puede dar, incluso, aunque se esté rodeado de mucha gente. Está relacionada con la desvinculación emocional con la persona ausente. La percepción de la separación es ya completa, los desvinculación física ya se ha dado, y ahora falta la desvinculación emocional, que no es la pérdida de afecto ni el olvido. Lo que ocurre en esta fase es que los mecanismos protectores de la mente (negación, ira, etc.) ya no están. Es como enfrentarse completamente solo a la realidad de la separación.

Destacan los sentimientos de apatía y falta de sentido de la vida. Es una etapa que también se ha calificado como de “depresión”. Pero cuidado, no hay que confundir con la depresión clínica. Es un proceso depresivo normal, que hay que pasar. Ahora bien, también es cierto que es una etapa en la que el riesgo de quedarse estancado y no salir de ella es mayor. No en pocos casos el duelo se vuelve patológico al quedarse estancado en esta fase.

Quizá decir también que hay un cierto nivel de ansiedad y desesperanza. Sólo que esta ansiedad ya no es tanto por pensar en la pérdida del ser querido sino por el futuro incierto que se abre sin esa persona (este cambio de tipo de ansiedad es positivo, síntoma de que se avanza en el proceso). Esta ansiedad se agrava por la misma dificultad que refleja la persona de pensar con claridad y fluidez, esto le afecta con cierto grado de desorganización mental: falta de memoria, tendencia al despiste, menos reflejos, la mala concentración aumenta la sensación de inseguridad.

4ª FASE: Adaptación.

La última fase es la que se conoce como de adaptación o integración. En ella, la característica esencial que la define es la “capacidad de reconocer lo que la pérdida significó y, a la vez, volver al trabajo, experimentar placer y reiniciar las relaciones sociales” (Martínez). Según Robert S. Reiss, las 5 capacidades que evidencian la adaptación son:

  1. La capacidad de centrar la energía en la vida cotidiana.
  2. El bienestar psicológico demostrado en la ausencia de dolor y angustia. En algunos casos suele darse la paradoja de que verse liberado del duelo le produce angustia, esto es síntoma de falta de recuperación.
  3. La capacidad de anticipar y sentir placer.
  4. Esperanza de cara al futuro. Hasta ahora se había vivido en el pasado (recuerdos) o en el presente (dolor, angustia), pero en esta etapa se vuelve a recuperar el sentido de futuro.
  5. La capacidad de funcionar socialmente. Mantener relaciones emocionalmente ricas; reaparece la capacidad de darse, de amar, el interés por el prójimo, etc.

ÚLTIMAS PALABRAS

Llegados a este punto suele surgir casi siempre la misma pregunta: ¿cuánto tiempo dura un duelo normal? Y la respuesta es muy amplia. Depende mucho de la persona que lo vive, de sus circunstancias, de la relación de intimidad con la persona que ya no está con él/ella, etc. De todos modos, la gran mayoría de duelos, suelen oscilar entre los márgenes de uno a dos años. De hecho, lo importante no es tanto lo que se tarde en pasarlo sino en poder ver que se va avanzando, que las fases, se van sucediendo. Muchos de los problemas que surgen en los duelos están relacionados con el estancarse en una de esas fases.

Me gustaría concluir comentando que para la mayoría de las personas, el duelo no se resuelve “como si no hubiera pasado nada”. Un proceso de este tipo cambia a la persona de algún modo, entronca con su identidad, pasa a formar parte de él de algún modo. Pero un principio básico es no olvidar que el duelo, como cualquier otra experiencia en la vida, siempre tiene una dimensión de crecimiento personal. Toda crisis representa un peligro, pero también una oportunidad. Aunque en las primeras fases cuesta mirar la situación desde esta perspectiva, conforme vamos avanzando en el duelo ayuda pensar en estos términos. Este enfoque, ligado a lo que comentaba al principio (el entenderlo como la otra cara del amor hacia la persona que ya no está), será uno de los grandes apoyos interiores que nos ayudarán a vivir nuestro proceso personal.

Espero haberte ayudado con este artículo, si estás en estos momentos viviendo el proceso de una pérdida, o como mínimo, haberte dado un poco de información para que puedas comprender una realidad tan clave de nuestras vidas.

Un fuerte abrazo.

Jonathan Secanella
Coach y formador

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Imagen: psicologosdemexico.com

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